o la desaparición de la lexicografía (Riga, 1941)
$ 790,00
El viejo volumen protagonista de esta narración no es nada inocente; es un libro que contiene la materia prima de todos los libros: un diccio-nario. Un diccionario bilingüe, además, que trae consigo el pecado de ser la promesa de un puente y su intrínseca, perpetua inestabilidad.
La disección que hace Auzanneau de la fisicidad del vetusto tomo con sus heridas y cicatrices motor de la acción novelesca, impensable para el contemporáneo, evanescente ebook y de los recovecos alucinatorios de sus paratextos (en descripciones indiciarias que inflamarán los sentidos de los bibliófilos) activa un recorrido trastornador por las durísimas vicisitudes de la Letonia de los años 40, desgarrada entre tironeos totalitaristas.
Su vertiginoso desarrollo, e incluso su intenso y «revelador» posfacio, no eclipsan lo más fascinante e inquietante del libro: justamente, su sigilosa demostración de que toda realidad se reduce, en última instan-cia, a un abultado acopio de palabras, papel y tinta, encuadernado.
Riccardo Boglione
El libro de Nicolas Auzanneau se titula Bibliatría, término que designa el arte de restaurar los libros. Pero a esta altura queda claro que la restauración va más allá de la cola de encuadernar. Restaurar: reparar, reanimar. Está logrado en pocas páginas, y es magnífico.
Claro, Le Monde
[Bibliatría] tiene el mérito de poner en primer plano a personas arrastradas por la vorágine o engullidas por la tempestad que llevaron a cabo un acto incongruente y, por lo tanto, heroico. Lograron abstraerse de una historia monstruosa, encontrando la fuerza de creer en el porvenir y de abrir un surco que es el del espíritu y de la cultura del compartir. ¿Podremos, después de esta lectura, volver a mirar un diccionario como antes?
Jean-Paul Champseix, En attendant Nadeau