LA CONJURA DE CÁNDIDOS Y TARTUFOS

Las raíces del golpe militar del 9 de febrero

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«La conjura de que trata esta noticia refiere a los sucesos del 9 de febrero de 1973 y a sus origenes, entre extremistas presos, militares en ejercicio y políticos renegados, o si se quiere con más precisión, entre tupamaros, peruanistas, abrasilerados y políticos asociados. Y aunque es una historia real, se me figura como en la literatura al simular la realidad. Es que el mundo real no es una pantomima ciertamente, pero mucho se le parece. Entonces, ¿Cuál es el Cándido y cuál el Tartufo en esta odisea uruguaya?
Así pues, tan libre de prejuicios como ha podido, el autor que vivió los acontecimientos en el propio suelo, viendo actuar a los protagonistas de esta historia se propone arrojar una mirada aplicada, procurando iluminar las zonas oscuras, con rigor y hones-tidad. Aspira a contribuir en despejar la niebla espesa del falso relato con información cierta, respetando la perspicacia del lector y separando los hechos de las deformaciones interesadas. Respaldado en el periodismo de hechos, en definitiva, se sugiere cerrar el paso a la desinformación, a la opacidad y al secretismo, esperando hacer un aporte recatado (aunque modesto) al conocimiento de la verdad histórica.
Hubo quienes, de uno y otro lado, apelaron a la tergiversación. Pretendieron apropiarse de la interpretación de lo ocurrido. Esparcieron relatos falsos confeccionados a medi-da, en lugar de los verdaderos, para infundir miedo y reavivar añosos rencores, pero fundamentalmente, para poner a salvo las responsabilidades de los viejos actores por sus acciones y comportamientos. Pero no habiéndoles bastado con reescribir sus propias historias y sabiendo que con ese solo artilugio no iba a ser suficiente, se encargaron de inventar enemigos directos del ayer y del hoy, a quienes poder cargar las culpas de lo sucedido, convencidos de que, de esa manera, iban a apaciguar para siempre el señalamiento público.
Siempre, Peor que olvidar la historia es retorcerla, para avivar viejos y nuevos resentimientos, apunta el historiador estadounidense Peter Brown; y que una sociedad, no se haga cargo de las deshonras y verguenzas del pasado es una clara señal de inmadurez y aún más, de rechazo de la propia identidad nacional. Sabido es, que estas cuestiones son demasiado espinosas para volver a considerarlas, pero soslayarlas es siempre más dañino, para la convivencia social.»