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Si hay caída, olvido temático del problema del ser, también hay recaída en el mismo. La huida, para no darse de golpes con el problema, celebrada por lo demás, como un acierto metodológico, como denuncia Heidegger, es impropia de este ente que somos y al que ‘le va’ este asunto por derecho y condición. Y más impropia es, si se quiere, de la filosofía misma, la que frente a este ‘su’ problema (¿de quién más?) no podría hacer sino repetir indefinidamente el ciclo de Jonás, la poderosa metáfora del ‘horror fati’, el horror o la huida del propio destino.
La paráfrasis de una conocida frase de Nietzsche, en la que se refiere a Dios como categoría, parece aquí muy adecuada:
Me temo que no lograremos desembarazarnos de dios (Cámbiese por ‘el ser’ o ‘el problema del ser’) mientras sigamos creyendo en la gramática
Nietzsche, El crepúsculo de los ídolos, 1889, núm. 5).